La realidad de comer mientras trabajamos
Es muy común que el horario de la oficina o los pendientes en casa dicten cuándo comemos. A veces es frente a la computadora, respondiendo correos, masticando rápido sin prestar atención al sabor ni a la saciedad. Esto no solo nos desconecta del placer de la comida, sino que suele generar pesadez y sueño por la tarde.
Tomarse al menos 30 minutos reales, alejados del monitor, hace una diferencia abismal. Comer con calma permite que el cuerpo registre mejor los alimentos, evitando esos bajones abruptos de energía.
Integrando lo nuestro sin extremos
Nuestra cultura está llena de ingredientes fantásticos. No tienes que renunciar a las tortillas, a los frijoles de olla, a los nopales o al aguacate. La clave está en la proporción y la variedad.
Si visitas la fondita de la esquina en tu hora de comida, puedes pedir tu sopa de verduras, el guisado del día y disfrutar de tus tortillas, intentando acompañarlo con una buena ración de ensalada fresca o pico de gallo para equilibrar la sensación en el estómago.
Ideas prácticas para el día a día
Atención a las porciones
Sirve tus alimentos intentando que haya diferentes colores en el plato. Las verduras locales aportan frescura y ligereza.
Variedad de mercado
Las frutas de temporada en México son económicas y excelentes opciones para media mañana en lugar de galletas empaquetadas.
Pausar para comer
Incluso si estás en home office, levántate, calienta tu comida y siéntate en la mesa. Evita comer sobre el teclado.
Cenas amables
Para dormir mejor, opta por cenas que no sean extremadamente pesadas. Unas tostadas horneadas, sopa o algo preparado en casa.
Preparación y organización
Aprovechar el domingo por la tarde para dejar picada algo de verdura, cocer frijoles o preparar un arroz, te puede salvar la vida el miércoles cuando el estrés laboral esté en su punto máximo y no tengas tiempo de cocinar desde cero.